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¡Ojalá me viera tan fuerte como mi dolor!

Actualizado: mar 15

Esta conversación la abriremos con una típica frase de gimnasio “no pain, no gain” en español: “si no duele no sirve”, ambas frases reflejan un dogma de Fé de algunos gimnasios. -El esfuerzo debe doler-


¿Y en realidad debe doler? El hecho de que mi espalda me duela al agacharme a coger algo del suelo, de que mis rodillas tengan temor de subir unas escaleras o que mis hombros sean incapaces de alcanzar la parte más alta de mi alacena es un reflejo de ¿qué tanto me estoy esforzando en el gimnasio? o es simplemente un grito desesperado de mi cuerpo pidiendo que sea más consciente de lo que hago.



En este capítulo del blog te contaré la historia de cómo aprendí a huir del dolor mientras entreno, como una falta de conciencia de lo que hacía en el gimnasio trajo graves consecuencias a mi vida y cómo apagar/ignorar el dolo de mi cuerpo me hizo perder más tiempo del que supuestamente ganaba al entrenar con dolor.


Corría el año 2014, año de mi servicio social en Medicina, llevaba ya unos años mezclando mi pasión por la natación con una serie de “rutinas complementarias” para gimnasio que sacaba de la famosa revista Men´s Health (¡y no! no me mal interpreten, no digo que sus propuestas sean malas, lo que ahora sé y estoy seguro es que un buen consejo ejecutado de mala forma es tremendamente perjudicial), sumado a estos hábitos de entrenamiento llevaba una vida como -podrán imaginarse del último año de carrera de medicina- llena de desvelos por estudio (aka fiestas innumerables), clubs de alta cocina (aka restaurantes de comida rápida que se ajustaran a mi presupuesto) y un medidor de hidratación que me obligaba a tomar al menos un par de botellas de agua (aka cerveza).


Fue así como tras varios años de sumar diversos factores de riesgo como POCO DESCANSO, MALA ALIMENTACIÓN, POCAS HORAS DE SUEÑO, NULO REPOSO, comenzaron a salir dolencias que yo no conocía:


-Mi rodilla comenzó a doler al hacer una sentadilla.

-Mis hombros no eran capaces de dormir en una sola postura.

-Mi espalda baja gritaba de dolor cada que me intentaba abrochar los cordones de los zapatos.


Pero lo que ya llevó mi atención a considerar que algo estaba haciendo mal, fue un día que desperté y no podía levantar el brazo izquierdo más allá de 90 grados (si no sabes cuanto es esto más o menos la posición de alitas de pollo), evidentemente sentí una desesperación inimaginable, por mi mente pasaba “TENGO SÓLO 24 AÑOS, NO PUEDO ESTAR LESIONADO”.


Y si, aunque ustedes no lo crean, si estaba lesionado y de una forma lo suficientemente grave como para llevarme a quirófano (si tienes duda: desgarro de labrum y subescapular). Al salir de esta intervención comencé a replantear todo lo que hacía en mi vida deportiva, ya que el cuerpo me dolía de una manera tal, que no se veía reflejado en mi aspecto físico. Comencé una vida de preguntas en vez de creer que por ser médico tenía todas las respuestas.


Preguntas, que mis conocidos/amigos/pacientes compartían:


-¿Por qué me duelen los hombros?

-¿Por qué me duele la espalda baja?

-¿Por qué me duelen las rodillas?


Y fue así como a través de preguntas llegué a un aspecto básico y fundamental de la anamnesis del dolor:

  1. Evalúa cómo te mueves: los rangos de movimiento que le estás exigiendo a tu cuerpo realizar, ¿Son aptos para ti?

  2. Sabes para que estas haciendo ese ejercicio y qué músculos debes activar.

  3. ¿Ese dolor es habitual al realizar algún movimiento? (empeora o mejora con algo).

  4. ¿Le estoy dando el suficiente reposo a mi cuerpo? O simplemente lo estoy desgastando más de lo que a el le gustaría y por esto mismo mis entrenamientos no surten efecto.

Y si llegaste hasta aquí y creías que no iba a haber sermón o consejo insoportable de “conócete a ti mismo” pues que poco conoces este blog.


En esta ocasión te invito a que realices una simple reflexión:


-¿TE GUSTA LO QUE VES EN EL ESPEJO?- y -¿EN REALIDAD VALE LA PENA TODO EL DOLOR QUE SIENTE POR EL RESULTADO ACTUAL?-


Se que son preguntas fuertes y difíciles de afrontar y mi objetivo no es pasar la barrera de tu confianza, simplemente es invitarte a replantear tu tipo de actividad física mediante preguntas, es mucho más fácil vivir un mundo lleno de preguntas que ir creyendo que tenemos todas las respuestas.


Es así como tal vez y sólo si tu estás dispuesto encuentres un método mucho más eficiente y menos doloroso para que las dos preguntas previas tengan una respuesta que te agrade. Y recuerda:


-TRAIN SMART RATHER THAN HARD-

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